martes, 13 de enero de 2009

Droit de seigneur

Era casi la una de mañana cuando la vinieron a buscar, eran mas de 20 soldados, armados de lanzas y espadas, montados a caballo y con antorchas, el padre los recibió con orgullo y les abrió la puerta de par en par, la madre les ofreció horchata fresca, luego tomó a su hija y poniéndole un chal blanco en la espalda la acompañó hasta el carro que habían traído para llevarla. El pueblo entero miraba con curiosidad , algunos con envidia, otros con temor. La vi partir entre bullicio de la gente, no me miró ni una vez , su vista estaba clavada de frente, si hubiera por un instante dudado, o hubiera cruzado con mis ojos un pequeño ruego hubiera dejado escapar todo mi odio, mi rencor, y mi inconsciencia, hubiera tomado mi lanza y arremetido contra todo y contra todos, pero aun no era tiempo de rebeldes, aun no era tiempo de libertades, la fuerza y el miedo podía mas que el amor, la ley era el refugio por la cual nos refugiábamos los cobardes, y ellas para expulsar su fantasía .

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