Cerré mis ojos mientras escuchaba la sinfonía número 40 de Mozart, recorrí en mi mente recuerdos que aún perduran en mi cerebro. Aquí está mi padre, allá mi madre, más acá mi abuela, a su lado mi tía, baja de cielo ángeles con la cara de mi sobrino, mis hermanas, y veo una sonrisa que se acerca , de tanta gente buena que conocí. De tantos seres de luz que tuve la enorme suerte de conocer.
Seres que ya no están físicamente , pero perduran en mi mente , porque de ellos está el aprendizaje de mi existencia. Llega la paz y el perdón a quienes sin querer o queriendo hirieron mi alma. Al final la paz llega cuando en el rincón de los recuerdos no hay rencores, odios ni venganzas.
La música resuena en mí oídos y sigue trasladándome a al éter del pensamiento. Intento respuestas que nunca lograré obtener, intento comunicarme con esas almas ya perdidas en el universo y los misterios de la vida. Resuena ruidos gloriosos que transporta al más allá a quienes desean encontrar sosiego en la atormentada incertidumbre de los mágicos momentos de la existencia. Música , escritura, expresión qué grande el regalo que Dios nos dio para regocijo de nuestra alma.
La mirada de nuestro creador se debe haber enternecido de vernos tan frágiles que en un momento de genialidad nos regaló el tesoro más preciado que podamos tener..
El amor! .
Leonardo